Picasso, Pablo Ruiz

Su aspecto es fiel reflejo de la dureza de los combates, un Cervantes febril y con heridas causadas por dos impactos de proyectil en el pecho, y uno en el brazo, que le inutilizaría la extremidad de por vida, y lo convertiría en ‘el manco de Lepanto’. La vestimenta del autor de ‘El Quijote’ es vistosa, según la moda militar de la época, y se encuentra a bordo de la galera ‘La Marquesa’. Luego, cuando la guerra se acercó a la capital, se trató -dijeron- de salvar esos tesoros de los bombardeos y del frío madrileño. Excusas, cube Calvo Poyato; “fue una decisión política; cuando se tomó no había caída una sola bomba sobtre el Prado”. Luego sí cayeron algunas, incendiarias y explosivas, cerca -del Prado, del Museo Arqueológico, de la Biblioteca Nacional-, pero que sólo rompieron cristales. Las normas internacionales sobre patrimonio artístico, recuerda el escritor, recomendaban dejar los cuadros en su sitio y en sótanos, que es donde estaban los del Prado, una vez que éste se cerró al público.

En otra ocasión, Los fusilamientos del tres de mayo sufrió destrozos importantes al caerle encima un balcón y estuvo a punto de perderse. “Este fue”, cube el autor del libro, “uno de los episodios más graves, si no el que más”. “Hubo un contenido bastante político cuando el Gobierno presidido por Largo Caballero tomó la decisión de abandonar Madrid y que, junto a él, abandonasen la ciudad las obras del Prado alegando que la aviación franquista estaba bombardeando Madrid. Solo un bombardeo afectó al Paseo del Prado y causó algunos desperfectos, mínimos, en el edificio”, añade. José Calvo Poyato nos invita a celebrar el Bicentenario del Prado sin olvidar que algunas de sus obras están expuestas “de milagro”. El 16 de noviembre de 1936 el Museo del Prado (cerrado al público desde el 30 de agosto) sufrió un bombardeo, a pesar de las bengalas que señalaban su situación y su carácter aislado y casi sagrado de su contenido. Nueve bombas incendiarias cayeron en el Museo además de otras en los alrededores y tres bombas de gran potencia en el Paseo del Prado (según José Lino Vaamonde).

Años Como Director De El Prado

Así, el pintor Timoteo Pérez Rubio, uno de los personajes más destacados de esta historia, se ocupó de que, una vez llegados a Valencia, los cuadros se alojaran en lugares seguros, y fueran restaurados. Los daños de Los fusilamientos de Goya hoy sólo los percibirá un especialista, dice Calvo Poyato. En vez de eso, se los sacó “sometiéndolos a un riesgo en buena medida innecesario”. Básicamente, chocaron los criterios profesionales de gente como Sánchez Cantón , convencido de que “period una barbaridad”, y los políticos. En un momento determinado, cogió las riendas de lo que Calvo Poyato llama las sacas del Prado María Teresa León. “Formaba parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y period una mujer enérgica y decidida, pero su papel no fue nada lucido. Bajo su dirección, los cuadros salieron con una protección mínima”.

Madrid (qué bien) resistió, pero el gobierno, que no las tenía todas consigo, no se quedó a verlo. Se fue a Valencia, y enseguida llegó la orden de que los cuadros del Prado y otros tesoros artísticos, como si fueran una televisión pública, debían estar con el gobierno. En los primeros días de la guerra se había creado una Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, y las correspondientes juntas delegadas, con el fin, sobre todo, de salvar el arte religioso que el tradicional anticlericalismo español, exacerbado por las circunstancias, estaba arrasando.

París period su refugio, pero en innumerables ocasiones, Pablo Picasso actuó como embajador de la cultura española en el extranjero y en otras ocasiones, hasta tuvo que sacar del museo varias obras emblemáticas para ponerlas a salvo de las bombas. La Guerra Civil Española estalló y puso patas arriba una nación a la que le quedaba poco tiempo como republicana. Fue por eso que, tal día como hoy, Manuel Azaña, aun presidente del Gobierno, decidió un 19 de septiembre de 1936 firmar un decreto para nombrar a Pablo Picasso director del Museo del Prado. El ilustre pintor no acabó de llegar a ejercer tal cargo pero hizo todo lo posible por salvar de las bombas algunas de las grandes obras. La obra escenifica el last del combate entre las armadas española y otomana, que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 en el golfo griego de Corinto, por aquel entonces bajo dominio turco.

Obras

La Junta Central organizó en Madrid (en el Museo del Prado, en el Museo Arqueológico y en la Iglesia de San Francisco el Grande) enormes depósitos de obras procedentes de distintos puntos de la geografía española. Es evidente que Miguel de Cervantes no puede venir físicamente a Málaga, pero sí el gran retrato que se le ha hecho con motivo de todos los actos programados con motivo de su IV Centenario. Y el Miguel de Cervantes que se vendrá a esta orilla del Mediterráneo, a una colección explicit, es un joven soñador y aguerrido soldado que participa en la cruenta batalla de Lepanto. La obra, que ha sido presentada a nivel nacional con todos los honores, ha sido realizada por el célebre pintor de batallas de la historia española, Augusto Ferrer-Dalmau, quien nos muestra a un joven Cervantes, de cabello claro y nariz menos aguileña.

Vanguardia y tradición en el arte español contemporáneo, Madrid, Alianza Editorial, 1988.

Nunca tomó posesión del cargo para el que fue nombrado, pero en realidad tampoco nunca se publicó su cese en el mismo. Es curioso, pero si nos atenemos a esta curiosa circunstancia, Pablo Ruiz Picasso sigue siendo director del Museo del Prado, cargo para el que fue designado por el Gobierno de la II República de España mediante orden de nombramiento aparecida en el BOE de la época, ‘La gaceta de la República’ el 25 de septiembre de 1936. Sin duda, la noticia, dos meses después de que comenzara la Guerra Civil, estaba cargada de simbolismo y tuvo además honda repercusión internacional, no en vano unía el nombre del más conocido artista español con la más sagrada pinacoteca del país. Comenzada ya la guerra, ni Picasso llegó a incorporarse a su despacho en la pinacoteca, ni, como ya se ha dicho, tampoco fue destituido. La idea inicial, según algunos expertos, es que Picasso hubiese viajado a Madrid para tomar posesión como director del Prado un día como hoy, 2 de octubre, pero de hace 80 años.

La Carga De Los Mamelucos, De Goya, Resultó Gravemente Dañada Durante El Traslado

Había un gran riesgo de que, cuando se pasase por Francia, los franceses decidiesen quedarse con obras importantesUna vez en Suiza, las dificultades eran de otra índole. “Para volver a traerlas a España hubo unas conversaciones muy complicadas”, recuerda Calvo. “Había un gran riesgo de que, cuando se pasase por Francia, los franceses decidiesen quedarse con obras importantes. Todo eso había que garantizarlo”.

Retornaron por Irún en septiembre del 1939, con la II Guerra Mundial ya iniciada. El tren circuló con las luces apagadas por temor a un posible ataque de la aviación alemana. ‘El dos de mayo de 1808 en Madrid’,de Goya | Museo del PradoUna vez en Cataluña, se llevaron al Castillo de Peralada y al de Figueras, espacios que almacenaban municiones del ejército republicano y, por lo tanto, eran objetivo de la aviación franquista. El objetivo es “intervenir con amplias facultades cuantos objetos de Arte, o históricos y científicos se encuentren en los palacios ocupados para su protección y traslado a los museos y edificios culturales del Estado”. Desde Croma Comisarios Culturales nos gustaría invitaros a que conozcáis la odisea que vivió el Museo del Prado y los fondos artísticos que alberga, durante la Guerra Civil española, un capítulo muy interesante de la historia cultural reciente de nuestro país.

Museo del Prado, galería central durante la Guerra Civil | Museo del Prado”El fuego y las bombas amenazaron el traslado de esas obras en muchas ocasiones”, dice el autor. Tras pasar por Valencia, donde fueron almacenadas en lugares que no estaban acondicionados, se llevaron a Cataluña. A su paso por Benicarló, un proyectil alcanzó una casa y el balcón se desplomó sobre el camión que trasladaba El dos de mayo de 1808 en Madrid de Goya. El lienzo se desgarró en casi una veintena de trozos y hubo que reentelarlo. “Lo que le ocurrió a ese cuadro pudo ocurrir a muchos otros”, se lamenta el autor.